jueves, 6 de diciembre de 2012

La 'vieja guardia' de Barcelona se volvió a tomar la General Sur


La 'vieja guardia' de barcelona se volvió a tomar la General Sur

La 'vieja guardia' de Barcelona se volvió a tomar la General Sur. Casi no olía a marihuana. El ambiente era el mismo, pero con miles de caras distintas. Después de 7 años, el pasado domingo regresamos a la general sur del estadio Monumental para ver campeón al Ídolo del Ecuador. De igual forma, los fundadores de la Sur Oscura, ese grupo de muchachos rebeldes y roqueros que en 1995 creó la barra “a punta” de garganta, correa y empujones, decidió volver a apoderarse de las gradas y cantarle a Barcelona; pese a los conflictos existentes con los nuevos líderes y jóvenes que ahora conforman esta leal hinchada.

Y es que la corona 14 del equipo “torero”, además de desatar esa pasión reprimida por casi 15 años en la mitad más uno de los ecuatorianos, hizo que la paz vuelva a la Carlos Muñoz, al menos durante la final del campeonato.

Llegamos hora y media antes que arranque el partido contra Olmedo. La “popular” estaba repleta y una muralla humana impedía el paso hacia cualquier rincón. De repente apareció el “Perro”, fiel amigo de cabello largo y tatuajes negros, de esos que “no se ahuevan”, como diría el difunto expresidente León Febres-Cordero. El menudo hincha abrió paso entre la multitud para llevarnos al sector donde estaba afincada la “vieja guardia” de la Sur Oscura. Era el reencuentro con los creadores de la barra, algunos con algo de canas y barrigones, pero con el mismo fervor de siempre por el Ídolo.

Mezclados entre la gente debíamos comportarnos como barristas. Las canciones de antaño aún persistían en la mente, como los clásicos “Dejaré el estudio por ti...”, o “Desde el día en que nací, me hice hincha de Barcelona...”; sin embargo, había que acoplarse a los nuevos temas, por ejemplo el “Ídolo, cómo te explico cuánto te amo yo”, tan pegajoso y sentimental que ahora hasta “el perro y el gato” lo cantan.

INFERNALMENTE CELESTIAL
La histeria crecía a medida que se acercaba el inicio del encuentro. Los globos, los rollos de papel, las banderas, el humo y las traicioneras bengalas le daban ese matiz infernalmente celestial a esta fiesta.
De un momento a otro, una inmensa sábana dorada con franja negra cobijó a la general sur casi por completo. Si desde afuera se ve impresionante, por dentro es como presenciar un eclipse donde el cielo se torna amarillo.

La gente cantaba desesperada. Las voces no se quebraron nunca, pese a que por la “ley seca” dentro del Monumental no había alcohol que refresque la boca. A falta de licor, el agua se convirtió en el más preciado de los recursos. Por ahí pasó un “aguatero” parecido al célebre “Amor, comprensión y ternura” y sus aguas fueron “caída y limpia”.

Ni bien empezó el partido, la hinchada quería que este se termine. No habían nervios por el resultado, sino por el temor a que el corazón se pare antes de la ansiada vuelta olímpica; luego de aquello, “ya me puedo morir tranquilo”, dijo el “Lagarto de lodo”, un suroscurista radicado en España que regresó al país para asistir a la anhelada final.

Terminaron los 90 minutos y todos aguardaban la vuelta olímpica. Los jugadores se pararon frente a la general sur para celebrar con su hinchada, así como cuando Carlos Alfaro Moreno y demás compañeros  en 1997 se acercaron a las mallas para agradecerle a la barra por el apoyo, al remontar el partido contra Aucas y ganar por 4-3, hecho que consolidó como barra a la Sur Oscura, que en aquellos días la integraban alrededor de 100 roqueros vestidos con camisetas negras.




















Fuente: Extra

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